Historia

<< La Luna es un astro que, solo en perspectiva terrenal, alcanza la grandeza del Sol. En los cielos, esa percepción resultó una ilusión fraudulenta… burla de las estrellas.

Con el ego dolido, el astro de la oscuridad buscó que su gloria no pereciera en la Tierra; asedió los cielos, eclipsando a la estrella mayor con orgullo, y justo en la cúspide de su deseo elemental, las criaturas inocentes resintieron la voluntad ambiciosa del cuerpo celeste nocturno. Su albedrío inundó al planeta cual marea de plenilunio, corrompiendo la naturaleza a los cuatro vientos.

El Sol, Ruaj. La Luna, la humanidad. La creación oponiéndose al creador >>.

Imperio Aztlayim | Entrada Norte | Año 2, 793. 

HISTORIA del mundo

Planeta Haaretz | Imperio Aztlayim | Del <<Año Cero>> a <<La Guerra del Origen>> | De la Era Primigenia a inicios de la Era Antigua (primeros 3,100 años de existencia).

El planeta rebosa de espiritualidad y vida; sus ecosistemas están llenos de plantas y criaturas de diferentes formas y tamaños, tan peligrosas como sus diversos climas extremos.

Los seres que cuidan a Haaretz en el plano espiritual son Los Nueve Lycanrex, guardianes de la creación de Ruaj, el Gran Espíritu; a quienes se les ha dado el deber de proteger al planeta de la invasión de seres oscuros dimensionales. A las criaturas espirituales les fue encomendado mantener su guardia en la atmósfera celestial del planeta: uno en cada Punto Cardinal y uno en el corazón de Haaretz, de esa forma guardarían al planeta de cualquier intento de intrusión por los devoradores de mundos. 

Las distintas civilizaciones y culturas que habitan  el planeta llevan la misma esencia espiritual de luz, comparten por generaciones el amor y respeto a la creación. Si bien, existen enfrentamientos bélicos y sociales, se prioriza en todo momento el bienestar del planeta y lo que en él habita por temor al Gran Espíritu. 

El más grande imperio que rigió sobre Haaretz emergió de la voluntad de unos pocos para mantener un vínculo directo con el Espíritu; la rendición y la obediencia absoluta para entregarse al servicio por la creación y la protección de los indefensos. 

Por más de dos mil años, el  gobierno del Imperio Aztlayim prevaleció sin que algún otro pudiera oponerse de forma justa al impecable regimiento y a su gloriosa estocada. Sin embargo, como burla a su fortaleza externa, su destrucción llegó desde lo íntimo del seno familiar real. En la tercera coronación milenial, el Gran Espíritu, eligió a un miembro inusual de la familia. Inconformes con el nuevo regente algunos miembros se disgregaron, creando su propio gobierno: el Arkeriom, y con ellos, civilizaciones y culturas se dividieron.

Tras años de repudio a la elección de Ruaj, los rebeldes desecharon su naturaleza primigenia, y en su libre albedrío, invocaron un poder espiritual desconocido que les prometía acaparar toda la creación; buscaron potenciarse para hacerle frente a su creador.

 Su decisión creó la brecha en el mundo espiritual que permitió a los devoradores de mundos, tomar vasijas en Haaretz: los insurrectos del Imperio Aztlayim, quienes recibieron poder sobrenatural e inmortalidad. Y con ello, por vez primera, el equilibrio del planeta se perdió. 

Ante tal amenaza de corrupción, Ruaj revocó la naturaleza celestial primigenia de los Nueve Lycanrex haciéndolos caer sobre el agua y la tierra. La única manera para que la creación retomara el equilibrio sería a través de un vínculo entre las poderosas criaturas y nueve humanos elegidos por Ruaj. Así surgió la resistencia espiritual de luz: La Primera Orden de Jinetes Cardinales, Jinetes de Lycanrex, el vínculo de los guardianes milenarios. 

Este conflicto fue llamado “La Guerra del Origen”, llevando por poco al planeta a su extinción.

Emblema de la creación | Actualmente conocido como el Símbolo del Reino. 

Muchos años después de La Guerra del OrigenEl Planeta Haaretz resucitó con el paso del tiempo, y cual vástago entre cenizas, resurgió El Linaje de Jinetes Cardinales gracias a los fieles de Ruaj sobrevivientes. “La Manada”, como se hacían llamar, fueron los rescatistas de una parte de la raíz del mundo primigenio. Esta horda, conformada por mujeres y hombres de las distintas aldeas dispersas son conocidos como los primeros servidores entregados por voluntad propia a Ruaj. 

En los años por delante, decenas de generaciones de Jinetes lucharían por recuperar la gloria de Haaretz, tomando el lugar como guardianes al lado de los Lycanrex y de hordas de servidores fieles a Ruaj.

 

 

EL RENACER DE HAARETZ

los Cinco reinos

Con el pasar de centenares de años se formaron cinco reinos que nacieron de los sobrevivientes del lado este del planeta en La Guerra del Origen. El Noveno Jinete, el líder de La Primera y Segunda Orden de Jinetes Cardinales; la más grande autoridad en el lado este del planeta, dio a cada tribu sobreviviente  el deber de portar y resguardar las reliquias sagradas de la antigua Haaretz: las gemas de Ruaj que libraron la extinción. El poder que las gemas brindaron a cada tribu les permitió protegerse de invasiones por parte del Arkeriom, y de igual modo, les ayudó a procurar la flora y fauna del planeta. Con el tiempo, la extensión y cobertura de los reinos en el continente les hizo formar un vínculo social donde el comercio y el conocimiento de la naturaleza de cada uno fueron fundamentales en su coexistencia. 

Una vez formados los cinco reinos, la orden de Jinetes de la época pidió a Ruaj un líder que mediara entre ellos, por lo que El Gran Espíritu levantó del mismo modo que a los Jinetes, un nuevo linaje de servidores a quienes se les otorgaría inmortalidad y fuerza espiritual durante quinientos años, instaurando por vez primera al Principal de los Cardinales, quien serviría entre Jinetes Cardinales, reyes y habitantes de Haaretz.  

 

«DEL RENACER DE HAARETZ» a «LA FUNDACIÓN DEL REINO».

Los cinco reinos

Los gobiernos que surgieron de las tribus sobrevivientes a La Guerra del Origen.

El Reino Loven

Guardianes principales del lado este del planeta, portadores de las gemas rojas de Ruaj. Descendientes directos del Imperio Aztlayim. Ubicado en las costas que conectan al este y el noreste, conocida hasta la actualidad como «Senda Alef». El reino ya está extinto, pero sus gemas aún abundan en la Nueva Era, siendo parte del armamento que portan los servidores del Reino de Haaretz y Venatzayiths en su armamento.

El Reino Zalom (Reino de los Gigantes)

Ubicado en el oasis del oeste, portadores y guardas de las gemas verdes. Formado por los habitantes más fuertes de Haaretz, algunos de su tribu llegan a medir hasta seis metros. El reino fue destruido por algunos de su mismo linaje, llegando a su extinción durante La Primera Guerra del Milenio. Los sobrevivientes se retiraron al oeste para ser guardias del Arkeriom, continuando su civilización en el continente. Se desconoce la situación de sus gemas. 

El Reino Yawit 

Ubicado en el bosque montañoso del este, dentro de la cascada. Podría decirse que fue el único reino que permaneció después de la transformación de los cinco reinos a El Reino de Haaretz, pues aún quedan descendientes de su linaje conviviendo en sus estructuras casi intactas. Portadores de las gemas amarillas. Se sabe que sus gemas están por extinguirse.

El Reino Ta’ak-lam

Fue el primer reino que se creó con miembros de la «Manada«. Ubicado en los cenotes y cuevas oceánicas del sur. En la nueva era coexiste una pequeña tribu que se esconde entre sus ruinas, sin embargo, solo quedan tres de sus gemas moradas, también llamadas,  gemas del pasadizo, sobre el planeta custodiadas en la Isla Seraf, Cardinal Centro. 

El Reino de Da’Or

Ubicado en la Montaña Da’Or en la frontera norte-centro. El último reino constituido sobre Haaretz surgió por las criadoras de criaturas, las Sayug, guardas y portadoras de las gemas azules.  Aunque la mayoría de sus habitantes son hombres, el don espiritual de las gemas solo se activa mediante las mujeres. Quienes poseen el linaje, llevan el don de ser las criadoras y domadoras de toda criatura de Haaretz. Para desgracia del planeta, la herencia espiritual de las Sayug terminó con la invasión a su reino. 

CONCEPTOS de la historia

TRATADO DE PAZ

El documento se constituyó ocho años después de «La Victoria del Reino», en el año 6,638, cuando la sociedad recuperó el rumbo. 

Tras «Los Ocho Años de Polvo y Cenizas», posteriores a la victoria de las tropas del Reino en la Cuarta Guerra del Milenio, los Monjes y  Jinetes restantes instauraron un tratado que convenía en un acuerdo de paz con los vestigios del gobierno del Arkeriom: la sociedad asolada en el lado oeste del planeta.  

El acuerdo logró que ambos gobiernos, conformados por sus sociedades futuras, se unieran para restaurar y preservar el medio ambiente; brindando esperanza de vida a criaturas de distintas especies del Planeta Haaretz, como a las tribus y culturas sobrevivientes.

Con esta nueva constitución legal, se les permitió el acceso y la residencia a habitantes del lado oeste del mundo, teniendo como objetivo de los servidores: transmitir el ideal del Reino a los extranjeros: la consciencia del respeto al Espíritu y a la naturaleza; la voluntad de Ruaj. Nombrándolos: Moradores del Reino

Para constar que se obedeciera la ley de forma imparcial, se constituyeron dos entidades que fungieran como intermediarias entre ambos gobiernos: El Concilio de Monjes, por parte del Reino de Haaretz, y El Capitolio, por parte del Nuevo Mundo.

Términos que se llevaron acabo:

I. Tanto habitantes del Reino como del Nuevo Mundo no podrán cazar,  ni extraer  especies: ni criaturas ni plantas. Por ningún motivo podrán deforestar un hábitat en El Reino mediante la tala o incendios, de igual forma, deberán abstenerse de actividades mineras ilegales. En caso de incurrir en cualquiera de estas actividades ilícitas deberán remitirse a prisión en Las Catacumbas del Norte pagando una condena que dependerá del grado del delito llevado acabo. Una vez cumplida la condena en represalia, el exhilio del Reino será inminente.

II. Los habitantes del Reino podrán comercializar  al Nuevo Mundo: semillas de distintas especies para que creen sus propias cosechas; queso, leche, seda y lana de algunas criaturas, siendo los únicos productos animales que se transportan legalmente al Nuevo Mundo y, a manera de trueque, el Nuevo Mundo tiene permitido enviar aparatos tecnológicos básicos como: transmisores, proyectores, comunicadores, radares de ubicación, cámaras fotográficas, generadores de luz eléctrica por medio de molinos de agua y viento, utensilios de cocina, entre otros aparatos y artículos básicos.

III. Durante la última guerra, debido al terror que desató el poder superior de los Jinetes vencedores al recibir el don de regeneración después de invocar el Servicio de Potencializador, el gobierno del Nuevo Mundo y sus habitantes solicitaron al Concilio de Monjes que la máxima autoridad reconocida del Reino fuesen los Monjes de todos los Cardinales, y así, controlar sus movimientos y restringir la autoridad de los Jinetes. 

a). El tratado permite a los Jinetes mantener al margen a enemigos de alto riesgo como traficantes y cazadores del Nuevo Mundo. Pero de ninguna manera, deberán emitir juicio, ni llevar acciones por su cuenta. Este último acuerdo señalado, lo solicitó El Capitolio, reconociendo la habilidad de los Jinetes y sus Lycanrex para la colaboración de ambos gobierno para apresar a los ciudadanos incorregibles del Nuevo Mundo: los traficantes, cazadores, buscadores de tesoros, etc. 

b). El Concilio de Monjes queda encargado para asignar las misiones a Jinetes y Monjes, que tanga bien por asignar. Por lo que el deber principal de los Jinetes y sus Lycanrex será solo vigilar  y servir en estas misiones que el Principal de los Cardinales les delegue. 

c). En caso que uno o varios Servidores del Reino: Monjes o Jinetes, incurran en desobediencia al Concilio o al Capitolio, deberán pagar la misma condena que se estipula para quienes atentan contra el Reino, siendo el Concilio de Monjes quien determine la pena. 

IV. El único delito que el Concilio de Monjes permite que sea castigado con pena capital es el de la práctica de ritos sacrificiales. 

a). Si algún Servidor del Reino atestigua la realización de alguna ceremonia sacrificial, tendrá permiso de ejecutar la pena indicada. Sin necesidad que exista un juicio ante el Concilio. 

LaS Gemas de rUaj

Son reliquias del mundo primigenio al servicio de la creación de Ruaj, más valiosas que cualquier metal precioso. 

Cada gema permite que el mundo natural se enlace con un don del espíritu, tal enriquecimiento no sería ignorado por corazones ambiciosos, su explotación y el exterminio de sus portadores alrededor del planeta terminó por dejar solo dos de estos regalos: las gemas del sacrificio conocidas en occidente como las gemas de combate, las gemas rojas, y las gemas amarillas, las gemas de sanidad. 

En la Era Antigua cualquier tipo de gema se podía encontrar en una cascada, un río o en una caminata por la playa, sin embargo en la nueva era la mayoría se encuentra en los lugares más recónditos de Haaretz: las cuevas dentro de las montañas o en las profundidades marinas. El tipo más común de gemas mide 13 cm y pesa 2 kg, otras pocas incrustadas en ruinas antiguas y aquellas que levitan en Las Lunas de Ruaj, llegan a medir hasta 15 m y pesar una tonelada.  Los colores de las gemas que prevalecieron después de La Guerra del Origen son las de color rojo sangre, amarillo ámbar, morado cristalino, azul marino y verde olivo, siendo el color el indicativo de su función.  

Gemas rojas:  las gemas que les fueron asignadas al Reino Loven en la era antigua, los descendientes directos del Imperio Aztlayim. Actualmente todo servidor del Reino usa estas gemas en su armamento y sillas de montar. Su don del espíritu fortalece los materiales de la naturaleza mediante un vínculo asignado por su portador; este puede llegar a hacer a una rama tan fuerte como el metal, y una soga tan manipulable como un tercer brazo, e incluso darles «vida propia». La potencia y manipulación de las armas depende de la autoridad espiritual del portador. Estas preciadas gemas también se encuentran dispersas en la naturaleza, además de las moradas, son las únicas que pueden llegar a medir de 1.90 hasta 2.5 metros y pesar 310 kilogramos, estas se encuentran en las Lunas de Ruaj y en algunas criaturas de Haaretz, siendo parte  de su anatomía, tal como las portan los ocho Lycanrex. Estas gemas abundan principalmente en el territorio del Cardinal Centro. 

Gemas moradas: también llamadas las gemas de pasadizo, estas abren puertas antiguas selladas en la naturaleza que resguardan Los Santuarios. Solo quedan tres de ellas custodiadas en la Isla Seraf, Cardinal Centro del Reino.

Gemas amarillas: se desconoce con exactitud el número existente de este tipo de gemas, su uso fue limitado por el Concilio de Monjes y el Capitolio a través del Tratado de Paz debido a su atributo de sanidad, poseyendo el don de regenerar el cuerpo, e incluso, vencer la muerte. 

Gemas azules: las gemas que ayudaron a domar las criaturas más fieras de Haaretz después de la caída del mundo espiritual solo pudieron ser activadas por las Sayug: herederas de un linaje espiritual similar al vínculo que los Jinetes tienen con sus Lycanrex. Estas gemas, como sus portadoras, se extinguieron después de la invasión del Arkeriom en  La Primera Guerra del Milenio. 

Gemas verdes: son las reliquias con el poder para hacer fértil un desierto, también conocidas como el tesoro de Haaretz, estas gemas solo podían ser portadas por los habitantes más fuertes del planeta: los Gigantes, ya que su deber no solo recaería en protegerlas de su extracción, sino mantener la salud de árboles de enormes troncos y enredaderas de espeso follaje en territorios montañosos. 

El ARKERIOM

El gobierno que se levantó en el lado oeste del planeta después de La Guerra del Origen, el cual amedrentaba a los servidores de Ruaj y buscaría acaparar la creación durante milenios. 

Al triunfar sobre La Primera Orden de Jinetes Cardinales, en el transcurso de  «Los Ocho Años de Polvo y Cenizas», sus seguidores tomaron como motín la región oeste del planeta; levantaron civilizaciones y dogmas que exaltaban y servían al poder espiritual oscuro que les dio la victoria. 

Su dominio terminaría miles de años después en La Cuarta Guerra del Milenio, cuando La Orden de Jinetes Cardinales de la época derrotó su ejército,  y por primera vez, las dos partes del mundo lograron instaurar una nueva época de paz. El Arkeriom fue remplazado por un nuevo regimiento sobre el lado oeste: El Arjé, la máxima autoridad del ahora Nuevo Mundo

La Era dorada de los jinetes

Es el periodo que abarca desde La Era de Los Cinco Reinos  hasta La Firma del Tratado de Paz. Es la época de dominio absoluto por parte de los Jinetes y  sus Lycanrex, todo juicio, decisión legal y orden social era impuesta por la orden siempre a favor del Reino, el único que tomaba parte de las decisiones fuera de los Jinetes era El Principal de los Cardinales, quien externaba, y en pocas ocasiones,  mediaba por la voluntad de los Jinetes hacia los reyes y habitantes de Haaretz.

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